Así en la tierra como en el infierno
Así en la tierra como en el infierno
Cuando se cumple un año del inicio del conflicto sirio, el CCCB de Barcelona acoge la mirada de la Primavera Árabe del fotógrafo ruso Yuri Kozyrev.
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Cuando el conflicto bélico era el paisaje común en Europa, Jean-Richard Bloch escribió: «Ahora es el tiempo de los corresponsales de guerra, no de los escritores… de la acción y no de la meditación de la acción». El fotoperiodismo es el género fotográfico que exhorta a la acción ante el malestar del mundo. Por primera vez llega a Barcelona una selección del «Visa pour l’image», el festival de fotografía documental que se celebra desde hace veintitrés años en Perpignan. Con él ha viajado el trabajo de Yuri Kozyrev. Su reportaje «Los caminos de la revolución» ha ganado el Visa d’Or News, el World Press Photo y el Picture of the Year International.
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![uenta Georgui Pinkhassov, en el libro «The image to come» (Steidl, 2007), que conversando con Andréi Tarkovski, tras entregarle copias de los retratos del padre del director que habían hecho juntos, éste le dijo: «Tu forma de ver el mundo me resulta familiar. A mí también me gusta observar la vida que se estremece en los charcos de agua». La construcción de una mirada personal es la tarea más ardua del fotógrafo. No parecerse a nadie, ser reconocible con sólo una instantánea. Ese sello lo encontramos en las imágenes de Pinkhasov, no requerimos una lectura del pie de foto para conocer su autoría.Pinkhassov, el encanto de lo inesperado
Cuenta Georgui Pinkhassov, en el libro «The image to come» (Steidl, 2007), que conversando con Andréi Tarkovski, tras entregarle copias de los retratos del padre del director que habían hecho juntos, éste le dijo: «Tu forma de ver el mundo me resulta familiar. A mí también me gusta observar la vida que se estremece en los charcos de agua». La construcción de una mirada personal es la tarea más ardua del fotógrafo. No parecerse a nadie, ser reconocible con sólo una instantánea. Ese sello lo encontramos en las imágenes de Pinkhasov, no requerimos una lectura del pie de foto para conocer su autoría.
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Henri Cartier-Bresson trazó una clara línea divisoria entre fotografía y cine, a pesar de que ambos comparten la misma unidad de medida, el fotograma. Para él, el cine es siempre lo que está por llegar, «l’image d’après», no tanto la imagen que se está viendo proyectada en la pantalla sino la siguiente, entendido el conjunto como una progresión. En el cine, una imagen intenta hacer olvidar la anterior. La fotografía, por el contrario, es un impulso congelado consciente de su naturaleza incompleta, el conocido «instante decisivo», la verdad de un fulgor robado. Cuando explica su manera de trabajar, Pinkhassov alude irremisiblemente al caos de la vida: «mi estilo se basa en la casualidad, la intuición y la selección». Puro HCB. Formado en el Instituto de Cinematografía de Moscú, Pinkhassov realizó sus primeros encargos como fotógrafo de rodaje en los estudios Mosfilm. Su trabajo no pasó inadvertido para Tarkovski, quien le invitó a realizar un reportaje sobre el rodaje de «Stalker». Cuando preguntó al director de «Solaris» qué significaba para él la fotografía, respondió: «Henri Cartier-Bresson». En 1988, Pinkhassov se convirtió en miembro de la agencia que creó el fotógrafo francés.
¿Qué es primero, la intuición o la casualidad? Cuando Ródchenko tomó sus fotografías más conocidas era diseñador de carteles. Para él, la mejor manera de recortar a posteriori el perfil de una fábrica era con un contrapicado. Luego resultó que esos puntos de vista extremos despertaron nuevos instintos a la hora de fotografiar. Pero incluso la casualidad es un instrumento personalizable. Cada cual busca un tipo de situaciones, escoge recorrer unas calles y no otras. Para toparse con el momento decisivo, en resumen, hay que estar en el lugar indicado en el momento justo, preparado. Este flirteo con la causalidad resulta especialmente adecuado con el contexto soviético de los setenta, momento en el que Pinkhassov decide probar con la cámara. Fotografiar por la calle, como le recomendó Tonino Guerra para captar un país como Rusia cuya imagen estaba tan blindada a la mirada exterior, era peligroso. Sin un permiso especial podías acabar en comisaría. Le regalaron entonces una Zorki –la Leica rusa- y un gran angular Russar de 20mm con el que tenía asegurado una buena profundidad de campo. «Una cámara es como una ruleta rusa, acierta con precisión repentina e inesperada». Y empezó a jugar, a fotografiar sin mirar a través del visor, a encontrar más que a buscar, como haría Dziga Vertov en «El hombre de la cámara» de 1929. «Incluso el estilo puede esclavizarte si no lo mantienes alejado, si no uno corre el peligro de repetirse. Lo más importante es la curiosidad. Es la base de todo acto creativo».
En el Festival internacional de fotografía Latitudes de Huelva [Casa Colón, hasta el 1 de abril], se puede visitar la exposición «Just Light Like», que estuvo en Winzavod hace cuatro años. Imágenes de los paisajes visitados por Pinkhassov, entre los cuales se incluye también España. En 1994, por ejemplo, se publicó su particular visión de Sevilla en una exposición colectiva de la Fundación Banesto. Le acompañan las fotografías sobre la guerra de Vietnam de Larry Burrows o una retrospectiva de César Lucas.](http://24.media.tumblr.com/tumblr_m0vldiZ8zo1qbtq08o1_500.jpg)
![uenta Georgui Pinkhassov, en el libro «The image to come» (Steidl, 2007), que conversando con Andréi Tarkovski, tras entregarle copias de los retratos del padre del director que habían hecho juntos, éste le dijo: «Tu forma de ver el mundo me resulta familiar. A mí también me gusta observar la vida que se estremece en los charcos de agua». La construcción de una mirada personal es la tarea más ardua del fotógrafo. No parecerse a nadie, ser reconocible con sólo una instantánea. Ese sello lo encontramos en las imágenes de Pinkhasov, no requerimos una lectura del pie de foto para conocer su autoría.Pinkhassov, el encanto de lo inesperado
Cuenta Georgui Pinkhassov, en el libro «The image to come» (Steidl, 2007), que conversando con Andréi Tarkovski, tras entregarle copias de los retratos del padre del director que habían hecho juntos, éste le dijo: «Tu forma de ver el mundo me resulta familiar. A mí también me gusta observar la vida que se estremece en los charcos de agua». La construcción de una mirada personal es la tarea más ardua del fotógrafo. No parecerse a nadie, ser reconocible con sólo una instantánea. Ese sello lo encontramos en las imágenes de Pinkhasov, no requerimos una lectura del pie de foto para conocer su autoría.
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Henri Cartier-Bresson trazó una clara línea divisoria entre fotografía y cine, a pesar de que ambos comparten la misma unidad de medida, el fotograma. Para él, el cine es siempre lo que está por llegar, «l’image d’après», no tanto la imagen que se está viendo proyectada en la pantalla sino la siguiente, entendido el conjunto como una progresión. En el cine, una imagen intenta hacer olvidar la anterior. La fotografía, por el contrario, es un impulso congelado consciente de su naturaleza incompleta, el conocido «instante decisivo», la verdad de un fulgor robado. Cuando explica su manera de trabajar, Pinkhassov alude irremisiblemente al caos de la vida: «mi estilo se basa en la casualidad, la intuición y la selección». Puro HCB. Formado en el Instituto de Cinematografía de Moscú, Pinkhassov realizó sus primeros encargos como fotógrafo de rodaje en los estudios Mosfilm. Su trabajo no pasó inadvertido para Tarkovski, quien le invitó a realizar un reportaje sobre el rodaje de «Stalker». Cuando preguntó al director de «Solaris» qué significaba para él la fotografía, respondió: «Henri Cartier-Bresson». En 1988, Pinkhassov se convirtió en miembro de la agencia que creó el fotógrafo francés.
¿Qué es primero, la intuición o la casualidad? Cuando Ródchenko tomó sus fotografías más conocidas era diseñador de carteles. Para él, la mejor manera de recortar a posteriori el perfil de una fábrica era con un contrapicado. Luego resultó que esos puntos de vista extremos despertaron nuevos instintos a la hora de fotografiar. Pero incluso la casualidad es un instrumento personalizable. Cada cual busca un tipo de situaciones, escoge recorrer unas calles y no otras. Para toparse con el momento decisivo, en resumen, hay que estar en el lugar indicado en el momento justo, preparado. Este flirteo con la causalidad resulta especialmente adecuado con el contexto soviético de los setenta, momento en el que Pinkhassov decide probar con la cámara. Fotografiar por la calle, como le recomendó Tonino Guerra para captar un país como Rusia cuya imagen estaba tan blindada a la mirada exterior, era peligroso. Sin un permiso especial podías acabar en comisaría. Le regalaron entonces una Zorki –la Leica rusa- y un gran angular Russar de 20mm con el que tenía asegurado una buena profundidad de campo. «Una cámara es como una ruleta rusa, acierta con precisión repentina e inesperada». Y empezó a jugar, a fotografiar sin mirar a través del visor, a encontrar más que a buscar, como haría Dziga Vertov en «El hombre de la cámara» de 1929. «Incluso el estilo puede esclavizarte si no lo mantienes alejado, si no uno corre el peligro de repetirse. Lo más importante es la curiosidad. Es la base de todo acto creativo».
En el Festival internacional de fotografía Latitudes de Huelva [Casa Colón, hasta el 1 de abril], se puede visitar la exposición «Just Light Like», que estuvo en Winzavod hace cuatro años. Imágenes de los paisajes visitados por Pinkhassov, entre los cuales se incluye también España. En 1994, por ejemplo, se publicó su particular visión de Sevilla en una exposición colectiva de la Fundación Banesto. Le acompañan las fotografías sobre la guerra de Vietnam de Larry Burrows o una retrospectiva de César Lucas.](http://25.media.tumblr.com/tumblr_m0vldiZ8zo1qbtq08o2_500.jpg)
![uenta Georgui Pinkhassov, en el libro «The image to come» (Steidl, 2007), que conversando con Andréi Tarkovski, tras entregarle copias de los retratos del padre del director que habían hecho juntos, éste le dijo: «Tu forma de ver el mundo me resulta familiar. A mí también me gusta observar la vida que se estremece en los charcos de agua». La construcción de una mirada personal es la tarea más ardua del fotógrafo. No parecerse a nadie, ser reconocible con sólo una instantánea. Ese sello lo encontramos en las imágenes de Pinkhasov, no requerimos una lectura del pie de foto para conocer su autoría.Pinkhassov, el encanto de lo inesperado
Cuenta Georgui Pinkhassov, en el libro «The image to come» (Steidl, 2007), que conversando con Andréi Tarkovski, tras entregarle copias de los retratos del padre del director que habían hecho juntos, éste le dijo: «Tu forma de ver el mundo me resulta familiar. A mí también me gusta observar la vida que se estremece en los charcos de agua». La construcción de una mirada personal es la tarea más ardua del fotógrafo. No parecerse a nadie, ser reconocible con sólo una instantánea. Ese sello lo encontramos en las imágenes de Pinkhasov, no requerimos una lectura del pie de foto para conocer su autoría.
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Henri Cartier-Bresson trazó una clara línea divisoria entre fotografía y cine, a pesar de que ambos comparten la misma unidad de medida, el fotograma. Para él, el cine es siempre lo que está por llegar, «l’image d’après», no tanto la imagen que se está viendo proyectada en la pantalla sino la siguiente, entendido el conjunto como una progresión. En el cine, una imagen intenta hacer olvidar la anterior. La fotografía, por el contrario, es un impulso congelado consciente de su naturaleza incompleta, el conocido «instante decisivo», la verdad de un fulgor robado. Cuando explica su manera de trabajar, Pinkhassov alude irremisiblemente al caos de la vida: «mi estilo se basa en la casualidad, la intuición y la selección». Puro HCB. Formado en el Instituto de Cinematografía de Moscú, Pinkhassov realizó sus primeros encargos como fotógrafo de rodaje en los estudios Mosfilm. Su trabajo no pasó inadvertido para Tarkovski, quien le invitó a realizar un reportaje sobre el rodaje de «Stalker». Cuando preguntó al director de «Solaris» qué significaba para él la fotografía, respondió: «Henri Cartier-Bresson». En 1988, Pinkhassov se convirtió en miembro de la agencia que creó el fotógrafo francés.
¿Qué es primero, la intuición o la casualidad? Cuando Ródchenko tomó sus fotografías más conocidas era diseñador de carteles. Para él, la mejor manera de recortar a posteriori el perfil de una fábrica era con un contrapicado. Luego resultó que esos puntos de vista extremos despertaron nuevos instintos a la hora de fotografiar. Pero incluso la casualidad es un instrumento personalizable. Cada cual busca un tipo de situaciones, escoge recorrer unas calles y no otras. Para toparse con el momento decisivo, en resumen, hay que estar en el lugar indicado en el momento justo, preparado. Este flirteo con la causalidad resulta especialmente adecuado con el contexto soviético de los setenta, momento en el que Pinkhassov decide probar con la cámara. Fotografiar por la calle, como le recomendó Tonino Guerra para captar un país como Rusia cuya imagen estaba tan blindada a la mirada exterior, era peligroso. Sin un permiso especial podías acabar en comisaría. Le regalaron entonces una Zorki –la Leica rusa- y un gran angular Russar de 20mm con el que tenía asegurado una buena profundidad de campo. «Una cámara es como una ruleta rusa, acierta con precisión repentina e inesperada». Y empezó a jugar, a fotografiar sin mirar a través del visor, a encontrar más que a buscar, como haría Dziga Vertov en «El hombre de la cámara» de 1929. «Incluso el estilo puede esclavizarte si no lo mantienes alejado, si no uno corre el peligro de repetirse. Lo más importante es la curiosidad. Es la base de todo acto creativo».
En el Festival internacional de fotografía Latitudes de Huelva [Casa Colón, hasta el 1 de abril], se puede visitar la exposición «Just Light Like», que estuvo en Winzavod hace cuatro años. Imágenes de los paisajes visitados por Pinkhassov, entre los cuales se incluye también España. En 1994, por ejemplo, se publicó su particular visión de Sevilla en una exposición colectiva de la Fundación Banesto. Le acompañan las fotografías sobre la guerra de Vietnam de Larry Burrows o una retrospectiva de César Lucas.](http://25.media.tumblr.com/tumblr_m0vldiZ8zo1qbtq08o3_500.jpg)
uenta Georgui Pinkhassov, en el libro «The image to come» (Steidl, 2007), que conversando con Andréi Tarkovski, tras entregarle copias de los retratos del padre del director que habían hecho juntos, éste le dijo: «Tu forma de ver el mundo me resulta familiar. A mí también me gusta observar la vida que se estremece en los charcos de agua». La construcción de una mirada personal es la tarea más ardua del fotógrafo. No parecerse a nadie, ser reconocible con sólo una instantánea. Ese sello lo encontramos en las imágenes de Pinkhasov, no requerimos una lectura del pie de foto para conocer su autoría.Pinkhassov, el encanto de lo inesperado
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Del dolor y la razón, Joseph Brodsky
BCN ARQUITECTURA
De la Barcino romana al 22@
Edición del trabajo original a cargo de Albert Ferré + COAC
Actualización 2011 a cargo de Marta Poch.
© Fotografías Marta Rebón + Ferran Mateo
Editado por COAC y Triangle Postals.
Sobre una saga moscovita. Breve acercamiento a la inmensidad de una obra magna, por Óscar Carreño. Artículo publicado en la revista Quimera (marzo 2011): http://bit.ly/egAT6i -Una saga moscovita, Vasili Aksiónov. Prólogo de Mathias Énard. Traducción del ruso de Marta Rebón. Ed. La otra orilla
Ya está en imprenta Los poseídos. Aventuras con libros rusos y con las personas que los leen de la escritora turco-americana Elif Batuman. Mezcla de memorias, crítica literaria y libro de viajes, Los poseídos es un divertido y original ensayo sobre cómo la literatura, en concreto la rusa, ha condicionado la vida de Elif Batuman. Estas páginas ofrecen un apasionante mosaico literario en el que la obra y el contexto de los grandes maestros rusos –Tolstói, Bábel, Dostoievski o Pushkin–, quedan maravillosamente iluminados.
El desamor, los recuerdos y las intrigas novelescas de la vida real, todo encuentra su lugar en Los poseídos. Al adentrarnos en estas páginas nos convertimos en cómplices de todos los amantes de la literatura rusa, y nos unimos a la autora para investigar con ella un posible asesinato en la finca de Tolstói, reproducir los paseos de Pushkin en el Cáucaso o aprender por qué en uzbeko antiguo hay cien palabras para el verbo llorar.
Ed. Seix Barral. Trad. de Marta Rebón
http://issuu.com/rebonmateo/docs/elif_batuman










VIAJE DE MOSCÚ A PEREDÉLKINO
Selección
© Rebón + Mateo
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